Tu computadora está lenta: qué conviene cambiar y qué no

Si tu computadora tarda una eternidad en arrancar y se traba con todo, el problema casi nunca es el procesador: es el disco. En equipos de hasta ocho o nueve años, cambiar el disco mecánico por uno sólido es la mejora que más se nota, y sale una fracción de lo que sale una máquina nueva. La memoria viene después.

Cómo saber dónde está el problema

Hay una prueba casera que no requiere abrir nada ni instalar programas: escuchá la máquina mientras trabaja.

Otra pista clara: si tarda más de un minuto en arrancar, y después de que aparece el escritorio sigue trabada un rato más antes de responder, es disco mecánico casi seguro.

El cambio que más se nota

Pasar de disco mecánico a disco sólido. No es un ajuste menor: es la diferencia entre una máquina que tarda tres minutos en estar usable y una que arranca en veinte segundos.

La razón es simple. El disco mecánico tiene partes que giran y un brazo que se mueve para buscar cada archivo, como un tocadiscos. El sólido no tiene nada que se mueva: encuentra todo de inmediato. Como el sistema operativo pasa el día leyendo y escribiendo archivos chicos, ese cambio se siente en absolutamente todo.

Es el trabajo que más hacemos y el que más sorprende. Gente que venía decidida a comprar una máquina nueva termina usando la misma dos o tres años más. Y no hay que reinstalar todo desde cero: se puede clonar el disco y queda igual que antes, con los programas y los archivos en su lugar.

La memoria: importante, pero segunda

La memoria RAM es el espacio de trabajo. Cuando se llena, el sistema empieza a usar el disco como si fuera memoria, y ahí todo se arrastra —doblemente si el disco es mecánico.

El orden importa: primero el disco sólido, después la memoria. Si hacés las dos cosas, una máquina de siete u ocho años queda perfectamente usable para trabajar.

Lo que no conviene hacer

Instalar programas que prometen acelerar la PC. En general no sirven y varios empeoran las cosas: suman procesos propios que arrancan con el sistema, muestran publicidad y a veces tocan configuraciones que después hay que revertir. Si la máquina está lenta por hardware, ningún programa lo va a arreglar.

Tampoco conviene cambiar el procesador o la placa de video buscando velocidad general: son caros, muchas veces no son compatibles con el equipo que tenés, y no resuelven la lentitud del día a día, que viene del disco.

Lo que sí podés hacer vos, gratis

  1. Revisá qué arranca solo Abrí el Administrador de tareas con Ctrl + Shift + Esc y andá a la pestaña de Inicio. Ahí está todo lo que se prende junto con la máquina. Desactivá lo que no necesites al arrancar: casi nada tiene que estar ahí.
  2. Desinstalá lo que no usás Programas viejos, barras del navegador, dos antivirus conviviendo. Eso último pasa más de lo que parece y frena muchísimo.
  3. Fijate cuánto espacio libre te queda Si el disco está casi lleno, el sistema no tiene lugar para trabajar. Conviene dejar libre al menos un 15 %.
  4. Sacale el polvo Si es de escritorio y hace años que no se abre, la suciedad tapa los ventiladores, el equipo se calienta y se frena solo para protegerse.

Cuándo ya no vale la pena

Somos partidarios de estirar la vida de los equipos, pero no siempre da. No conviene poner plata cuando:

En esos casos lo honesto es decirlo, y es lo que hacemos. No tiene sentido cobrarte una reparación en un equipo que te va a volver a fallar en tres meses.

Antes de cualquier cambio, respaldá. Copiá tus archivos importantes a un disco externo o a la nube. Cualquier trabajo sobre el disco tiene riesgo, por chico que sea, y los archivos son lo único que no se puede volver a comprar.

Si querés saber qué le conviene a la tuya

Con la marca y el modelo, o una foto de la pantalla de información del sistema, ya te podemos decir si es candidata a disco sólido, cuánta memoria admite y qué mejora vas a notar. Podés ver todo lo que hacemos en servicio técnico de computadoras.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi computadora tiene disco mecánico o disco sólido?

El truco más fácil no requiere abrir nada: escuchá. Un disco mecánico hace un ruidito tenue cuando la máquina trabaja, y a veces se siente una vibración apoyando la mano. Un disco sólido es completamente mudo. Otra pista: si tarda más de un minuto en arrancar y después sigue trabada un rato más, casi seguro es mecánico.

¿Primero disco sólido o primero memoria?

Primero el disco sólido, casi siempre. Es el cambio que más se nota: el equipo arranca en segundos en vez de minutos y los programas abren al toque. La memoria conviene después, y sobre todo si tenés 4 GB o menos, o si trabajás con muchas pestañas del navegador abiertas a la vez. Haciendo las dos cosas, una máquina de siete u ocho años queda perfectamente usable.

¿Sirven los programas que prometen acelerar la PC?

En general no, y varios empeoran las cosas. Los limpiadores y optimizadores suelen sumar procesos propios que arrancan con el sistema, muestran publicidad y a veces tocan configuraciones que después hay que revertir. Lo que sí sirve es sacar programas que no usás y revisar qué arranca solo al prender la máquina, y eso se hace con las herramientas que ya trae Windows.

¿Cuándo ya no vale la pena arreglarla?

Cuando lo que hay que gastar se acerca a la mitad de lo que sale un equipo nuevo equivalente, o cuando la máquina tiene una limitación que no se arregla con repuestos, como un procesador de más de diez años o una notebook cuya placa ya falló. También pesa si conseguir el repuesto es difícil. En esos casos lo honesto es decirlo, y es lo que hacemos.

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